Escocia
se nos ofrece como uno de los territorios más atractivos
de la vieja Europa. Sus paisajes, repletos de lagos, ríos,
fiordos y unas montañas que sin ser excesivamente
altas ofrecen sin embargo unas vistas espectaculares debido a su
latitud, quedan complementados por una historia apasionante que
ha visto levantar imponentes fortalezas defensivas y bellos
palacios placenteros, y por el carácter abierto de sus
habitantes que, orgullosos de ser escoceses, viven a su ritmo afianzando
día a día sus señas de identidad, recordando
a sus viejos héroes como Willian Wallace, más
conocido como Braveheart o Rob Roy.
Probablemente sea el whisky el producto más conocido
y exportado desde Escocia al resto del mundo, pero un recorrido
a través de su geografía nos permitirá conocer
una tierra apasionante que merece ser visitada.
Edimburgo y Glasgow se nos presentan como las dos
grandes ciudades, pero no es Escocia una tierra para quedarse en
las grandes urbes, sino que hay que salir al campo para disfrutar
de sus lagos, bosques y montañas. No sin antes hacer
un alto en Stirling, la población descrita en alguna
ocasión como “un broche enorme que une las Tierras
Altas y las Bajas”. Quién dominaba su castillo, controlaba
Escocia, y todos los caminos llevaban hasta este lugar estratégico
que fue testigo de cruentas y cruciales batallas.
Castillos como el Eilean Dohan Castle, lagos como el Ness
y rutas como el Malt Whisky Trail, la ruta del whisky
de malta que se sucede por algunas de las más prestigiosas
destilerías del Speyside o región que bordea
el río Spey, constituyen alternativas de un viaje
apasionante.
LOS
LUGARES: Edimburgo, Stirling, el Lago Ness, las Tierras Altas…
LAS VIVENCIAS: Un ghatering, el sonido de las gaitas, el
proceso del whisky.
LA DURACIÓN IDÓNEA: De 5 a 10 días.
LAS POSIBLES EXTENSIONES: Isla de Skye, las Hórcadas
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