Cerrada
durante mucho tiempo al mundo exterior, China se mantiene
anclada en el pasado y renace con fuerza de sus cenizas. El antiguo
esplendor imperial constrasta con la sencillez de un pueblo paciente
y laborioso y todo junto hace que un viaje a través de su
geografia represente una experiencia única para quién
la realiza.
La
monumentalidad de las ciudades más importantes, con su amplia
variedad de palacios y templos, la tranquilidad de
sus aldeas, el caracter de sus gentes y la calidad de su gastronomía,
son posiblemente, las cosas que más llaman la atención
al viajero, que ahora se puede mover por el país casi como
lo hacía Marco Polo en los tiempos del Gran Khan Kubilai.
Si en el mundo todavía se puede hablar de grandes viajes,
China es uno de ellos.
Pekin
ostenta la capitalidad desde 1421, cuando la dinastía
Ming trasladó el centro del poder imperial desde Nankin,
cuyo nombre significa capital del sur, mientras que el de
Pekin significa capital del norte, siempre hablando
de lo que los chinos consideran el reino del centro del mundo.
Aquí
encontraremos la Ciudad Prohibida, la gran residencia del
emperador que con un total de nueve mil habitaciones que
acogían al jefe del estado, su familia, las concubinas, asesores,
artesanos y todo lo que configuraba la corte de la que consideraban
la persona más importante del planeta.
Las
paredes púrpuras de la Ciudad Prohibida y los patios cubiertos
de mármol, perfectamente reproducidos en la película
de Bertolucci "El último emperador",
sorprende por su grandiosidad. Pero China es mucho más
que Pekin y desde las llanuras de la Mongolia interior hasta
las estribacions tibetanas un país inmenso se abre
a los pasos del viajero.
LOS
LUGARES: Pekin, Xian, Shangai.
LAS VIVENCIAS: La Ciudad Prohibida, el Palacio de Verano,
la Gran Muralla....
LA
DURACIÓN IDÓNEA: De 10 a 20 días.
LAS POSIBLES EXTENSIONES: Hong Kong, Mongolia, el Tibet.
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